Ejercicio: Ovoterrorismo

En este ejercicio teníamos que escribir unas 700 palabras sobre un personaje que llega a un puerto espacial desconocido y tiene allí una tarea. Había que narrar la llegada de forma que se pudiera imaginar sin problemas y practicando lo que habíamos aprendido sobre continuidad. ¡Espero que os guste!

Mayburn se preparó para bajar del tren con más antelación de la necesaria. Sin embargo, nadie en el resto del coche pareció darle importancia. No sabía qué le ponía más nervioso, si la tecnología de levitación magnética del tren o su tarea al llegar al puerto espacial. Se ajustó la mochila no menos de seis veces, liberando cada vez sus hombros del peso con el que cargaba.

Se bajó del tren en cuanto este se detuvo y, ya con los pies en suelo firme, respiró con tranquilidad. Más calmado, miró los carteles y se encaminó hacia las Llegadas. No tardó en entrar en una estancia mucho más grande de lo que había esperado. Se encontraba en el vestíbulo principal, desde allí se llegaba a todas partes; estaba plagado de pantallas de información, puertas y escaleras. Además, era diáfano, por lo que había unos buenos veinticinco metros hasta el techo acristalado que dejaba ver la eterna noche estrellada del espacio. Si se hubiera preocupado más en estudiar un poco el terreno previamente, sabría que aquel puerto tenía capacidad para albergar a cien naves a la vez. También es cierto que, siendo el primero que visitaba, era normal su reacción.

Antes de pasar por la seguridad se fue al baño y se encerró en uno de los WC. Sacó el minibot de diazepam, se subió la manga de la camisa, colocó el antebrazo en horizontal y dejó el minibot encima. Apartó la mirada mientras lo veía cobrar vida, culebrear hasta dar con la vena e introducirse abriendo un agujero minúsculo que cerraba tras de sí cauterizando la herida. Salió del baño mientras se bajaba la manga de la camisa; para cuando llegó a la cola del control de seguridad ya estaba haciendo efecto. Mostró su tarjeta de embarque virtual, su pasaporte electrónico y dejó la mochila sobre la cinta que la haría pasar por la máquina de escáner. A pesar de no estar nada nervioso, no pudo evitar quedarse mirando fijamente al operario del escáner en busca de alguna señal de que el DFV no había funcionado. Sin embargo, el macuto pasó sin levantar sospechas y lo pudo recoger al otro extremo de la cinta. Después de todo el Doble Fondo Virtual sí funcionaba; aquello iba a revolucionar el gremio del terrorismo. Cogió el móvil, abrió el archivo en que le habían dibujado el mapa del puerto y se dirigió a la sala de control.

Recorrió los pasillos con un cuidado innecesario, pues no se cruzó con nadie. El mapa incluía el código de acceso a la sala, así que solo tuvo que teclear los seis dígitos para entrar. Sacó la pistola de la mochila, la configuró para hacer suficiente daño como para incapacitar, pero no tanto como para atravesar algún muro o ventana y cruzó el umbral deprisa. El guardia de seguridad que se había girado hacia la puerta para ver quién entraba, no estaba listo; dos certeros disparos, uno en el pecho y otro en el abdomen, le neutralizaron en el acto. Mayburn extrajo un artefacto explosivo con forma ovoide y lo colocó en el suelo frente al escritorio del vigilante. Tocó un lateral del huevo y un pequeño panel se hizo a un lado revelando una pantalla. Tecleó algo y el objeto entero se iluminó con un blanco lechoso teñido de azul. Se sentó tras el escritorio y pulsó el botón que activaba la megafonía.

Dio un discurso sobre la decadencia de la civilización y cómo la tan avanzada carrera espacial no había hecho realmente nada por mejorar la situación. Se declaró terrorista independiente, no afiliado a ningún grupo conocido, sino actuando por cuenta propia. Les deseó una muerte rápida e indolora y, entonces, se desplazó hasta el huevo y tocó algo en la pantalla. El color del explosivo cambió a un amarillo muy pálido; el panel que se había desplazado para mostrar la pantalla volvió a su sitio. Mayburn disfrutó con el desfile de colores, desde el amarillo pálido al rojo intenso a medida que la cuenta atrás llegaba a su fin, intentando ignorar los golpes y otros intentos por acceder a la sala de control, hasta que finalmente el aparato no explotó. Al terminar la cuenta atrás la parte superior del artefacto se abrió dejando a la vista un proyector holográfico. El holograma mostraba a una muchacha que, después de dar las gracias por comprar la versión de prueba del Huevo del Apocalipsis, listó los precios para las versiones más caras con distintas potencias de detonación.

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